Cuanto más oscuro, mejor se ve la luz; en contraste con lo feo, sobresale siempre la belleza. Y en la parroquia de San José obrero (en Móstoles) —como en cada vez más parroquias y comunidades cristianas—, el 31 de Octubre se va convirtiendo en una auténtica fiesta de luz, belleza y alegría, al congregar una multitud de niños vestidos de Santos, que reflejan en la Tierra la enorme fiesta que se vive en la asamblea del Cielo.

Dicen que las grandes solemnidades se distinguen por sus vísperas, y así fue como comenzamos también este año a celebrar el 1 de Noviembre: con unas vísperas en la plaza contigua a la parroquia, rodeados de 130 niños que, vestidos de los más diversos santos, se lo pasaron en grande, jugando por categorías y edades, tras explicar la elección del santo particular del que se habían vestido. Antes de la misa, los mejores recibieron su premio, y después, el Santísimo quedó expuesto a la adoración de algunos hermanos, mientras otros salieron de dos en dos a llevar esta luz y alegría a los monstruos, brujas, esqueletos y fantasmas que circulan por las calles en esta noche cuyo profundo sentido no nos podemos guardar.

Antes de recibir la bendición del Señor, hacia la medianoche, compartimos las experiencias y nos felicitamos por haber recibido la vocación a la santidad, que nos hace, desde ya, ciudadanos de la Jerusalén celeste.

 

28 de octubre – 17:00h

HERMANO DE NUESTRO DIOS

V.O. Subtitulada

11 de noviembre – 17:30h

LIBERANDO UN CONTINENTE

JUAN PABLO II Y LA REVOLUCIÓN DE LA LIBERTAD

18 de noviembre – 17:30h

JUAN PABLO II

EL SANTO QUE AMABA ESPAÑA

Cartel completo:

Testimonio al seminario en la Vigilia por los Diáconos:

Queridos amigos y hermanos, me gustaría compartir con vosotros la experiencia de haber dicho si a Jesús con mi vida. Para ello me voy a servir de una historia que me parece muy luminosa:

Corría el año 1464 cuando la Opera del Duomo de Florencia, junto con el gremio de mercaderes de telas, decidieron adornar los contrafuertes de la catedral con 12 maravillosas estatuas de profetas del Antiguo Testamento. No escatimaron en gastos, aun nos encontramos en la Florencia de los Medicis, mecenas del arte en la ciudad. En dicho proyecto participaron artistas de renombre como Donatello y hasta el mismísimo Leonardo da Vinci. Sin embargo, la obra más espectacular recayó en manos de un joven artista: Agostino del Duccio. En sus manos pusieron un bloque de mármol de Carrara al que apodaron el Gigante por sus más de 5 toneladas de peso y sus casi 6 metros de altura. Agostino gozaba de la simpatía de los Medicis y había hecho ya alguna obra para ellos, pero no de esta envergadura. Era un joven caprichoso, inconstante y muy zalamero. Así fue como se puso manos a la obra: un día picaba por aquí, otro arañaba la piedra por allá… y pasaron los días y aquello solo empeoraba… Hasta que un día Agostino no se presentó a trabajar aquella mole… En seguida intentaron buscar otros artistas, pero Del Duccio había huido dejando aquel precioso bloque herido de muerte. Estaba maltratado y fragmentado… nada se podía hacer con él más que esperar que el tiempo lo olvidara en el patio de la casa de la lana, donde se encontraba.leer más